Fort William y Oban

Tras pasar unos días estupendos en la zona de Stirling nos dirigimos rumbo al norte para entrar en las Highlands. Esperaba la llegada a las Tierras Altas de Escocia con desesperada ansiedad. Era el punto fuerte del viaje, llegar a esa zona que desafía la memoria y que te lleva directo a la época jacobita, con hombres vestidos en kilt y castillos de piedra oscura tras cada vuelta del camino.

Nos alojamos en Spean Bridge, a la sombra del Ben Nevis que es el monte más alto del Reino Unido. Nuestra primera tarde nos acercamos a Fort William, una ciudad al lado del Loch Linnhe y el Loch Eil. Era una tarde apacible, pero cuando llegamos, nada más aparcar nos cayó un auténtico aguacero y nos tuvimos que refugiar bajo el alerón de un comercio. Lo bueno es que el tiempo en Escocia cambia con bastante facilidad, y a los pocos minutos paró la lluvia y pudimos visitar la ciudad.

 

Es un pueblo pequeño, con un centro peatonal muy bonito con tiendas artesanales junto a otras de souvenirs. Siguiendo la calle principal se llega al estuario del Loch Linnhe, el lago más largo de Escocia. Cuando nosotros llegamos había gente pescando en el muelle y uno de los pescadores nos dijo que había delfines (nosotros no vimos nada…)

 

Al día siguiente fuimos a Oban, la ciudad más grande la zona. Hemos dicho varias veces que el tiempo en Escocia cambia rápidamente, pues prestad atención a las fotos que vienen a continuación, porque aunque parezca increíble todas son del mismo día.  Oban significa en gaélico “pequeña bahía” y es conocida por ser el punto de partida de los barcos que van a la isla de Mull o Kerrera.

 

Mientras paseábamos por el muelle viendo puestos de pescado nos cayó otro chaparrón. Pero como no hay mal que por bien no venga, y además íbamos con botas de agua y chubasqueros, los peques pasaron un momento estupendo saltando en los charcos que se formaban con la lluvia. Nos refugiamos en uno de los restaurantes de la zona a comer fish and chisp y esperar a que pasara la tormenta.

 

Pero lo que más llama la atención, sin duda alguna, es la Torre de MacCaig, un edificio construído en lo alto de la colina y que preside Oban. Esta construcción pretendía ser una copia en miniatura del Coliseo de Roma. Es algo que no deja indiferente a nadie, porque de verdad, que no pega para nada con el resto del paisaje. Pero una vez que estás ahí arriba las vistas son espectaculares.

 

Uno de los puntos fuertes de Oban es la visita a la distilería, ya que éste es uno de los whiskeys más famosos de Escocia. La visita al interior sólo era para mayores de 18 años, así que no pudimos realizarla (otra razón más para volver en otro momento a Escocia).

 

Para acabar el día fuimos a visitar el Castillo de Dunollie pero estaba a punto de cerrar, así que nos conformamos con pasear por la orilla y disfrutar del solecito. Cuando volvíamos a Spean Bridge nos paramos a admirar el Stalker Castle que es un castillo simplemente increíble. Sólo se puede acceder con marea baja o en barca, es algo casi sacado de un cuento de hadas.

 

 

Y no te olvides que hace poco he publicado mi primera novela, la puedes encontrar en todas las librerías digitales.

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One Comment on “Fort William y Oban

  1. Pingback: Escocia con niños – Cosas que nadie me dijo antes de ser madre

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