La (temida) operación pañal

Ahora que se acerca el buen tiempo es un buen momento para plantearse retirar el pañal a nuestros hijos. Un paso importante en la vida de los peques es justamente cuando dejan el pañal y pasan a ir al baño de mayores. Haciendo una rápida búsqueda en internet uno puede encontrar “supuestos trucos” para ayudar con la Operación Pañal. Los consejos van desde dar de beber al niño 4 litros de agua al día, en sentarlo cada media hora diez minutos en el orinal aunque no tenga ganas, despertarlo de la siesta para que vaya a hacer pipí… En fin, a mí todo esto me parece más un entrenamiento para los marines americanos que la forma de preparar a nuestro hijo para algo que es completamente natural y fisiológico.

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Como ya os dije, Rafa va a un colegio Montessori, y una gran parte de su filosofía se basa en respetar el ritmo del niño. En su clase hay niños de 2 años que no llevan pañal y otros de 4 que aún lo siguen necesitando. No sirve de nada tratar de presionarlo para que haga las cosas antes de tiempo, si no está maduro no lo va a hacer bien y además lo vivirá mal.

Rafael cumple los años a finales de junio y un par de meses antes de cumplir los 3 años empezó a decir “pipí” y “caca” una vez que ya se había hecho. Ese es el primer punto, que el niño sepa identificar lo que está pasando. Hablamos con sus profesores en el cole y nos dijeron que era el momento oportuno para empezar. Aprovechando que en abril ya comienza a hacer bueno le pusimos el slip (sin pantalones) y probamos por las tardes a ver qué tal. El resultado nos dejó alucinados.

Tuvo 2 días con accidentes, pero después, en seguida le cogió el truco y nos avisaba con tiempo para llevarlo al orinal. Le seguíamos poniendo el pañal por las noches, pero a la mañana siguiente siempre estaba seco, y lo primero que nos pedía al levantarse era ir al baño. Así que aprovechando el fin de semana (unos 8 días después de empezar el experimento), le quitamos el pañal de noche también. Ni una gota desde entonces.

Al principio usábamos orinal, pero en seguida cambiamos a un reductor de WC y un escalón para niños porque a Rafael le gustaba más.

En menos de 10 días ya teníamos controlado todo el proceso, sin llantos, sin estrés, sin rutinas militares, simplemente escuchando al niño, siguiendo su ritmo y no tratando de ir más deprisa de lo que él es capaz.

Mi consejo para la Operación Pañal: no estresarse, los niños lo notan y si nosotros estamos estresados ellos también. Y sobre todo ir al ritmo que marque el peque. Yo creo que ese es el gran secreto y es lo que marca realmente la diferencia.

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