¿Por qué juzgamos a otras madres?

Fernando (el pequeño) está pasando por una etapa de celos de su hermano cuando Rafael está con nosotros. Hace unas semanas que cada vez que tratamos de estar con Rafael, darle cariño o prestarle atención Fernando aparece y se pone a llorar al lado de nosotros para que nos demos por enterados. No es un llanto feroz ni desconsolado, es sólo una especie de gimoteo continuo que desaparece “mágicamente” en cuanto su hermano se aparta de nuestro lado.

Como no nos parece que esa sea una actitud que queremos perpetuar lo que hacemos es que cuando Fernando se pone a llorar nos sentamos  a su lado y le acariciamos la mano o la pierna mientras le decimos flojito algo tipo: “no te preocupes, que en cuanto Rafa termine me ocupo de ti”. Así tiene contacto físico con nosotros, palabras de y al mismo tiempo aprende a ser paciente y a esperar su turno.

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Bien, pues el otro día estábamos en el parque en frente de casa, Rafa con su patinete, Fernando en los columpios y yo echando unos 40 millones de fotos cuando Rafael decide venir a contarme la carrera en patinete que acababa de disputar con otro niño. Fernando en cuanto vio a su hermano acercarse dejó lo que estaba haciendo y se sentó a mi lado a gimotear reclamando atención. Yo le acariciaba la espalda mientras le decía bajito que en seguida le tocaba a él. El relato de Rafael se alargó un poco más de lo que Fernando tenía previsto y aumentó un poco el tono, pero sin ser un llanto estridente, ni desconsolado, ni nada por el estilo, sólo el gimoteo de alguien que pide atención.

Y en estas estábamos cuando una madre que frecuentaba el parque se me acerca y me dice:

-¿Es que no ve que su hijo  está llorando? ¿No piensa hacer nada?

-Ya me ocupo – le respondí.

Pero no debió de ser la respuesta que ella esperaba pues se marchó bufando no sin antes soltarme una mirada avinagrada. Se acercó a un banco donde habían otras madres y todas me lanzaron la misma mirada, con lo que creo que oficialmente soy la mala madre del parque.

Todo esto para decir que esa señora no tuvo en ningún momento interés por saber lo que realmente pasaba. No se preocupó por preguntarme porqué el pequeño lloraba, porque yo estaba sentada en el suelo con mis dos hijos, o porqué estaba venga a acariciar la espalda del pequeño. No, ella fue como el grandísimo Julio César “llegó, vio y juzgó”.

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Yo podía haberle explicado el problema de celos de Fernando, o podía haberla mandado a freír espárragos (algo que me apetecía muchísimo, lo reconozco), pero no lo hice porque esa señora no se merece mis explicaciones.

Y por eso me pregunto ¿por qué? ¿Por qué nos permitimos juzgar a otros padres / madres sin darles el beneficio de la duda, sin ponernos en su piel, o sin tan siquiera preguntarles qué es lo que necesitan?

¿Os ha pasado también a vosotras o estas madres prejuiciosas sólo están en mi parque?

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4 Comments on “¿Por qué juzgamos a otras madres?

  1. JAJAJA, ya veo tu cara al tener que contenerte. Ni caso, Madres supermamis hay en todo los sitios y lugares.
    También hay que darle un voto de confianza, ya que el alma de madre nos sale siempre y pensamos en que las cosas hay que hacerlas de otra manera y algunas veces somos impertinentes, como esta señora.
    La próxima vez no te quedes con las ganas y dile algo, aunque sea mentira …… solo por ver la cara que pone.

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  2. Pingback: Deporte y padres – Cosas que nadie me dijo antes de ser madre

  3. Pedrito no va a la escoleta ni irá al colegio hasta que no tenga 5 años al menos y no está vacunado. Te aseguro que me juzgan. Si se cae de la bici, según se vea la cosa, dejo que se levante solo. No me gusta que vaya sobreabrigado. También me critican por eso. Me han llamado, compañeros y conocidos, irresponsable por “hacer así con la vida de un pequeño” textualmente. Tampoco come nada con azúcar, no sabe lo que es el chocolate, ni ve la tele (ayer una amiga suya me decía que si no veía BobEsponja qué veía) Lee lo que no está escrito, me ayuda con todas las tareas en casa, damos clases de matemáticas, de palabras, habla inglés, polaco y castellano, y entiende catalán. Me gusta que escale paredes, que se cuelgue de los muebles de la cocina, que corra con la bici, que desmonte y monte cosas… está lleno de moratones de los porrazos que se ha dado y que se da cada día. Evito los lugares en los que hay gente fumando, terrazas, parques, etc. no me importa que se tire al suelo, jamás lo he vestido de “domingo”, ni el día de su bautizo. Viene con nosotros a misa y también nos han criticado por eso 😀 (dijeron algo así como que debía elegirlo él… jajaaa! estoy por preguntarle a que cole quiere ir, por eso de que elija él). No sé por qué la gente critica pero reconozco que yo a veces lo he hecho, para mí, pero lo he hecho. Que nunca le he ido a nadie con el cuento de lo que me parece bien o mal, vale, pero me he regocijado en lo mal que lo hace fulano o mengano y lo bien que lo hago yo. Conclusión, como padres hacemos lo que creemos mejor, que distará mucho de serlo o no serlo. Lo único que nos queda es respetarnos mutuamente, aceptar que cada uno es diferente, que ha aprendido cosas diferentes y que puede tener una percepción distinta sobre ‘educar’ a un niño. Y como somos así de diferentes insisto en que respetarnos es lo único que nos puede ayudar a salir escapados de esta.

    Sin embargo me llama la atención lo socialmente aceptado que está ‘acariciar’ a un niño… y me da mucho asco que lo hagan. Antes, quizás por falsa cortesía, dejaba hacer, pero ahora no me corto. Eso de que llegue alguien que acaba de fumar a acariciarle la cara a mi hijo no me gusta nada así que lo aparto directamente. Algunos lo pillan, otros no y alargan el brazo para alcanzarle hasta que se lo aparto suavemente y con una sonrisa de por medio. Con una vez que lo hagas basta. Seguro que me critican por eso también. El pueblo es muy pequeño y a Pedrito lo conocen todos casi. (Y al arisco de su padre).

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    • Creo que es algo intuitivo, el “lo mío es lo mejor, y estos no tienen ni idea”. Yo también he juzgado (y a veces sigo haciéndolo) para mí, pero nunca se me ocurre ir a criticar a una madre directamente porque no piensa como yo.

      Respecto a lo de los besos, hay días que Rafael está medio mosqueado y no quiere dárnoslos ni a nosotros. Y está más que claro que NUNCA le voy a aobligar a que le de un beso a un desconocido. Una vez una señora nos dijo “que niño más maleducado que no quiere darme un beso” y le respondí “no, que niño con más sentido común que no quiere intimar con una desconocida”. Una sonrisa, media vuelta y listo!

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