Lisboa. Día 3

Nuestro tercer día en Lisboa amaneció más soleado que los anteriores, así que nos decidimos por pasar el día fuera y visitar monumentos al aire libre.

Nuestra parada fue el Elevador de Santa Justa. Es el único ascensor vertical de Lisboa y se construyó para sustituir a los tranvías para llegar a las zonas más altas de la ciudad. Es realmente bonito, construido en hierro repujado que forma filigranas. Su estilo os puede “sonar de algún sitio” y es que fue construido por un discípulo de Gustave Eiffel.

Tiene una terraza panorámica a la que se accede mediante una escalera de caracol y pagando un suplemento. Nosotros no subimos porque íbamos con el carrito, además de que las vistas desde la pasarela ya eran de porsí muy bonitas.

De allí nos dirigimos al barrio de Chiado, que se encuentra entre el Bairro Alto y La Baixa. Es una zona muy animada con muchos comercios y tiendas. Pasamos por al lado del convento del Carmo que estaba en obras, y me quedé con ganas de ver la iglesia que no tiene techo, ya que lo perdió durante el terremoto de 1775.

Completada nuestra visita nos dirigimos hacia una de las atracciones del día: el famoso tranvía 28. Lo cogimos en la Plaza Martim Moniz, tras unos 20 minutos haciendo cola. Se puede coger con el pase Viva Viagem de forma gratuita, y recorre las calles de los barrios más pintorescos.

Nos bajamos en la Plaza del Comercio y nos fuimos a comer pues nos esperaba una tarde llena de visitas. Tras la comida fuimos a la Plaza da Figueira y cogimos el autobús número 37 hasta la para Castelo. Para muy cerca de la entrada del Castillo de San Jorge, que era nuestra próxima visita. La entrada cuesta 7’5 euros y los menores de 3 años entran gratis.

Como además en esos momentos hacía un sol maravilloso pudimos tener unas vistas de la ciudad increíbles.

El castillo se encuentra en la cima de la colina más alta de las 7 que tiene Lisboa y tiene una situación privilegiada en la ciudad. Está bastante bien conservado, aunque una vez que subes la escalera para lelgar alo alto de la muralla no hay casi muro de protección en el lado que da al patio del castillo. A pesar de las bonitas vistas, la entrada al castillo nos resultó algo cara para lo que había que ver (aunque si volviéramos a Lisboa, repetiríamos sin duda alguna).

Luego nos dirigimos al Mirador de Santa Lucía que está muy cerca del castillo, en pleno barrio de Alfama. Este barrio me recuerda enormemente al Albaicín granadino, con sus cuestas imposibles, sus casitas blancas, sus azulejos y sus miradores. Se abre al mar y permite unas vistas del Panteón Nacional estupendas. Nosotros tuvimos la suerte que había un señor tocando la guitarra que añadía aún más encanto a un lugar ya de por sí casi mágico.

Bajamos a pie desde el Mirador de Santa Lucía hasta la Catedral de la Sé, y de allí, una vez más, fuimos paseando hasta la Plaza del Comercio a disfrutar de la tarde de sol. Una miaga lisboeta nos había invitado a cenar en su casa, así que dimos por concluido el día y nos fuimos tranquilamente a casa para prepararnos para la cena.

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4 Comments on “Lisboa. Día 3

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