Lisboa. Día 2

Superado nuestro primer día en la capital lusa nos lanzábamos directos a por el segundo. Para el día de hoy tuvimos que coger el metro en Cais do Sodré, la línea verde hasta Alameda, y allí hacer un cambio a la línea roja hasta la parada de Oriente. Llegamos hasta el Parque de las Naciones, el conjunto de inmuebles que acogió la Exposición Universal de 1998. Allí se encuentra el Océanario de Lisboa, el segundo acuario más grande de Europa después del Oceanographic de Valencia.

Llegados a este punto debo confesar algo: mi animal favorito son los tiburones. Lo han sido desde niña. Son esbeltos, estilizados y ¡tienen muchísimos dientes! Así que yo estaba más emocionada que los niños por entrar al oceanográfico. La entrada cuesta 18 euros para los adultos y gratis para menores de 3 años.

Tiene un gran tanque central de 5.000 litros que es el protagonista indiscutible pues o vas viendo conforme avanza la visita (y es donde están los tiburones, que es lo que más mola). También hay rayas, barracudas, peces tropicales e incluso un par de peces luna Yo me hubiera pasado toda la mañana con la nariz pegada al cristal viéndolos nadar entre las otras especies de peces, pero los hombres de mi casa preferían hacer la visita entera.

No sólo está el gran tanque central, también tienen otros tanques que muestran la costa rocosa del Atlántico Norte, la línea costera de la Antártida, los bosques laminariales del Pacífico y los arrecifes de coral del Índico.

Tiene un montón de actividades educativas para los niños explicando la importancia de reciclar, evitar tirar basura al mar y las consecuencias de los desastres naturales para los ecosistemas marinos. Es una forma muy divertida y educativa de pasar la mañana con los niños. Nosotros estuvimos casi 2 horas dentro y no se nos hizo pesado. Vimos nutrias, pingüinos, sepias, caballitos de mar, corales, esponjas, estrellas marinas y muchos, muchísimos peces.

Comimos en un restaurante en la explanada en frente de la Avenida de lso Océanos. Hay bastante oferta gastronómica en esa zona, con lo que comimos ahí antes de coger de nuevo el metro para volver al centro de Lisboa. Nos paramos en la estación de Restauradores, justo al comienzo de la Avenida de la Libertad para dirigirnos hacia abajo, rumbo al Tajo. Nuestra primera parada iba a ser la plaza de Dom Pedro IV, pero al final fue El Mundo Fantástico de la Sardina Portuguesa. Es una tienda loquísima que vende… ¡Sardinas! Pero tiene hasta un tiovivo y una noria dentro. Merece la pena ir aunque sólo sea para echarle un vistazo.

Tras la visita friki de rigor, cruzamos la calle para llegar hasta la Plaza Dom Pedro IV, también llamada Rossio y que es el centro de la vida cultural de Lisboa. En el centro de la Plaza del Rossio se encuentra la estatua de Pedro IV de Portugal, El Rey Soldado. En su base cuatro estatuas representan las bondades del rey. Nos gustó mucho el dibujo en espiral hecho con adoquines que recorre toda la plaza, más tarde nos dimos cuenta de que la gran mayoría de aceras de Lisboa están decoradas con esos adoquines blancos y negro formando dibujos.

Al otro lado de la plaza se encuentra el Teatro Nacional Doña María II, y dos enormes fuentes, una en cada lado de la plaza. Rafael y Fernando se dedicaron a perseguir palomas a los pies de la estatua de Dom Pedro y se lo pasaron pipa, en un momento de muchísima complicidad entre hermanos.

Bajamos luego por la Rua Augusta, llena de tiendas de souvenirs y de restaurantes de comida típica. Es uno de los sitios más visitados por los turistas, pero lo realmente impresionante es que a uno de sus lados emerge el Elevador de Santa Justa. Nosotros lo íbamos a visitar al día siguiente, pero no pude resistirme a echarle un par de fotos. Para merendar nos compramos un cartucho de castañas asadas (hay un montón de vendedores ambulantes con ellas), y nos sorprendió que no fueran como las que estamos acostumbrados a comer en casa.

Descendimos por la Rua Augusta hasta llegar al Arco del Triunfo que marca el final de la calle y el comienzo de la Plaza del Comercio. Este arco, que recuerda a los que se encuentran en otras ciudades de Europa y que se inició tras el terremoto que asoló la ciudad en 1775. La Plaza del Comercio es la plaza donde estuvo situado el Palacio Real de Portugal y da directamente al estuario del Tajo.

La plaza es una enorme explanada donde había un montón de vida a pesar de que llegamos cuando ya se estaba ocultando el sol. En el centro hay una estatua ecuestre de Don José I, pero lo mejor sin duda son las vistas al estuario. Hay unos escalones de mármol que bajan directamente al agua ya que era por aquí por donde llegaban los embajadores y otros monarcas de visita en la ciudad.

Y hasta aquí llegó nuestro segundo día en la capital de Portugal. Volvimos a nuestro apartamento que estaba en Cais do Sodré, a menos de 10 minutos a pie bordeando la plaza por el lado del agua y fue una delicia, ya que, incluso siendo febrero, no hacia frío y el paseo nos vino de maravilla.

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3 Comments on “Lisboa. Día 2

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