Niños y calidad de vida

Mucho se ha hablado estos últimos días sobre “calidad de vida” a raíz del libro de l aperiodista Samanta Villar en el que habla de maternidad. Reconozco que cuando leí el titular no me sentí especialmente molesta, sólo creí que le faltaba un PERO o un matiz para explicarlo mejor.

Veamos, según Wikipedia “La calidad de vida se evalúa analizando cinco áreas diferentes. Bienestar físico (con conceptos como salud, seguridad física), bienestar material (haciendo alusión a ingresos, pertenencias, vivienda, transporte, etc.), bienestar social (relaciones personales, amistades, familia, comunidad), desarrollo (productividad, contribución, educación) y bienestar emocional (autoestima, mentalidad, inteligencia emocional, religión, espiritualidad).”

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Pero esta definición debe ser matizada, porque no hay “absolutos”, sinomuchos “relativos” que van a conformar nuestra percepción de calidad de vida. Es decir, tener una casa con un jardín donde los niños puedan jugar aumenta la calidad de vida, pero si esa casa está a dos horas en transporte público del colegio y hay que levantar a los niños a las 5 de la mañana par air a clase, pues eso quita calidad de vida.

No conozco NADIE que diga que desde que tiene hijos duerme mejor o tiene más tiempo libre. En serio, NADIE. Si vosotros conocéis a alguien dicidlo. Parece claro que el descanso y el tiempo para uno mismo mismo son indicadores de calidad de vida. Por lo tanto, el tener hijos te quita calidad de vida (al menos en esos indicadores) y eso me parece que es una realidad y que cualquier padre debe estar de acuerdo.

PERO (esta es la palabra mágica que se le pasó por alto a la señora Villar) los niños aumentan tu calidad de vida en prácticamente todos los demás niveles. Tienes a alguien a quien cuidar, a quien amar, que si los educas bien, te va a cuidar y te van a amar a ti también. Tienes la posibilidad de descubrir y de aprender a su lado. Pasar una noche en vela porque tiene en fiebre no es nada comparado con la alegría que se siente a la mañana siguiente cuando ésta ha desaparecido. Verlos crecer es todo un regalo.

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Antes de tener a Rafa y Fernando si tenía un mal día en el trabajo por mucho que se lo contara a mi marido a mis amigas la inquietud no desaparecía por completo, la seguía rumiando en segundo plano. Ahora, llego a casa y dos “bichitos” hacen carrera para ver quien llega primero y le da un beso a mamá, y luego me cogen de la mano para que me vaya a jugar con ellos a su alfombra. En esos momentos el trabajo queda en un lugar muuuuuy escondido de mi mente.

Así que sí, los niños te quitan calidad de vida, pero te dan tanta que compensa de sobra. Yo no cambiaría esta maternidad de noches sin dormir y de casa desordenada por absolutamente nada en el mundo.

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