Cuestión de prioridades

Si un día en el gimnasio me coge por banda el entrenador ese que va por ahí pululando y que le dice a todo el mundo que ejercicios le vienen bien, y me suelta que tengo que levantar una pesa de 10 kg durante media hora, primero lo miro con incredulidad, después me da un ataque de risa, y por último, viendo que él está hablando en serio, tomo la única decisión posible: me tiro al suelo y me hago la muerta.Una vez que me haya repuesto de mi falso desmayo supongo que accederé (para no quedar mal con el pobre hombre después del susto que le he tenido que dar) a levantar su pesa de 10 kg, pero no creo que aguante media hora. A los 5 minutos estaré ya harta, me dolerá todo y le confesaré que lo mío en verdad es la zumba, y que he aparecido en la sala de musculación por error mientras buscaba la clase de aero-pilates.

 

Y sin embargo, acabo de pasar algo más de media hora con un bebé de casi 10 kilos en brazos mientras daba paseos arriba y abajo del pasillo y le cantaba muy flojito “Pour me something stronger” de Connie Britton y no cambio ese momento por nada. De hecho, no me parecía que pesara tanto, ni que hubiera pasado tanto tiempo.

Supongo que todo en esta vida es cuestión de prioridades.

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