Una caricia

Pocas cosas hay en este mundo más tiernas que la caricia de un bebé, cuando extienden su manita con esos dedos regordetes y te tocan la ca en un gesto sincero de cariño. A las mamás nos encantan y por eso nos confíamos cuando un bebé nos acaricia y no vemos venir el zarpazo que viene después. Porque los bebés no tienen uñas, tienen garras.

Da igual que se las hayas cortado al rás, que las hayas limado y que hayas verificado varias veces que no hay nada que sobresalga, cuando acercan su mano a ti se han mágicamente transformado en cuchillas de adamantium. De hecho, yo creo que las uñas de los bebés son retráctiles, como las garras de Lobezno.

No os voy a engañar, yo me imagina a mi pequeño así en la cuna esperando a que la desprevenida de su madre se acerque y lo coja en brazos.

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